Ese dolor que aprieta, cambia de sitio y a veces mejora después de expulsar gases suele deberse a una acumulación de aire en el intestino, aunque no siempre es así. En este artículo explico cómo reconocer un cólico por gases, qué puedes hacer para aliviarlo, qué alimentos y hábitos suelen favorecerlo y cuándo conviene consultar sin esperar.
Lo esencial para aliviar las molestias y actuar con seguridad
- Caminar entre 10 y 15 minutos puede favorecer el movimiento intestinal.
- Comer despacio y evitar bebidas con gas, chicle y pajitas reduce el aire tragado.
- Los alimentos que provocan gases no son iguales para todo el mundo.
- La simeticona puede probarse siguiendo el prospecto, pero no siempre funciona.
- Dolor intenso, abdomen duro, vómitos o sangre requieren valoración urgente.
Cómo reconocer un cólico causado por gases
El dolor suele sentirse como retortijones, presión o pinchazos que aparecen en oleadas. Puede acompañarse de hinchazón, eructos, ruidos intestinales y necesidad de expulsar flatulencias. En muchas personas mejora al ir al baño o al cambiar de postura.
El gas procede del aire que tragamos y de la fermentación de ciertos alimentos por las bacterias del intestino grueso. Expulsar gases es normal, incluso varias veces al día, pero la molestia aparece cuando se acumulan, se desplazan con dificultad o el intestino se vuelve más sensible. Según MedlinePlus, las personas pueden expulsar gases aproximadamente entre 13 y 21 veces al día.
| Más compatible con gases | Conviene valorar otra causa |
|---|---|
| Dolor intermitente que cambia de lugar | Dolor fijo, progresivo o muy localizado |
| Hinchazón que mejora al expulsar gases | Abdomen duro y muy sensible al tacto |
| Relación clara con una comida concreta | Fiebre, vómitos persistentes o sangre |
Esta comparación orienta, pero no permite hacer un diagnóstico. La intensidad del dolor tampoco basta para medir la gravedad: un problema importante puede empezar con molestias moderadas.
Por qué aparece y qué factores lo favorecen
Una causa muy habitual es la aerofagia, es decir, tragar demasiado aire. Comer deprisa, hablar mientras se mastica, mascar chicle, fumar, beber con pajita o tomar refrescos con gas puede aumentar la cantidad de aire en el aparato digestivo.
La otra vía es la fermentación de hidratos de carbono que no se absorben por completo. Legumbres, cebolla, coles, brócoli, algunas frutas, lácteos y productos sin azúcar con sorbitol, manitol o xilitol pueden desencadenar molestias, aunque no existe una lista universal de alimentos prohibidos.
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Cuando el estreñimiento también participa
Si las heces permanecen más tiempo en el colon, las bacterias tienen más oportunidad de fermentarlas y el gas puede quedar atrapado. Por eso, mejorar el tránsito intestinal suele ser más útil que eliminar alimentos al azar.
También pueden influir la intolerancia a la lactosa o a la fructosa, el síndrome del intestino irritable, la celiaquía o un cambio importante en la microbiota. Si el problema es nuevo, frecuente o se acompaña de diarrea, pérdida de peso o cansancio, yo no lo trataría simplemente como “gases”.
Qué hacer durante el episodio para notar alivio
Cuando el dolor es leve y no hay señales de alarma, empiezo por medidas sencillas. El objetivo es favorecer el movimiento del gas, relajar el abdomen y evitar que entre más aire.
- Camina de 10 a 15 minutos a ritmo suave. El movimiento puede ayudar a desplazar el contenido intestinal.
- Afloja la ropa y prueba una postura cómoda, como tumbarte de lado con las piernas ligeramente flexionadas.
- Aplica calor templado sobre el abdomen durante unos minutos, sin quemar la piel.
- Masajea suavemente el vientre siguiendo el trayecto del colon, sin presionar si el dolor aumenta.
- Bebe agua a sorbos y evita temporalmente refrescos, cerveza y comidas copiosas.
Durante unas horas conviene elegir raciones pequeñas y comer despacio. Forzarse a comer mucha fibra de repente es un error frecuente: aunque la fibra es beneficiosa, un aumento brusco puede producir más fermentación y distensión. Lo razonable es introducirla gradualmente.
Si una comida parece desencadenar siempre la molestia, anótala junto con la cantidad, la hora y los síntomas. Un diario de 7 a 14 días suele revelar patrones más fiables que eliminar diez alimentos a la vez.

Medicamentos y remedios que pueden ayudar
La simeticona se vende en farmacias para aliviar la sensación de gases y distensión. Algunas personas notan mejoría, pero los estudios no demuestran un beneficio constante para todos. Si decides probarla, sigue la dosis del prospecto y pregunta al farmacéutico si tomas otros medicamentos, estás embarazada o tienes una enfermedad digestiva.
Cuando el problema aparece específicamente después de tomar lácteos, los productos con lactasa pueden ser más lógicos que un antiflatulento general. Para algunas legumbres existen preparados con enzimas que ayudan a digerir determinados carbohidratos, aunque su efecto depende del alimento y de la persona.
Las infusiones de menta pueden resultar agradables para algunas personas, pero pueden empeorar el reflujo. Yo evitaría recurrir a bicarbonato, antibióticos, laxantes o mezclas “depurativas” sin orientación profesional. Que un producto sea natural no significa que sea adecuado para cualquier dolor abdominal.
En niños pequeños, y especialmente en bebés, no conviene aplicar estas recomendaciones por cuenta propia. El llanto, la distensión y los vómitos pueden tener causas distintas, por lo que cualquier medicamento debe indicarlo el pediatra.
Cuándo el dolor necesita atención médica
Busca ayuda urgente o llama al 112 si el dolor aparece de forma brusca y es intenso, el abdomen está rígido, tienes dificultad para respirar, dolor en el pecho, vómitos con sangre, heces negras o sangre roja en las deposiciones.
También es importante acudir a urgencias si no puedes evacuar ni expulsar gases y además vomitas, porque puede existir una obstrucción intestinal. MedlinePlus considera especialmente preocupantes el dolor repentino e intenso, el abdomen duro y la incapacidad para evacuar acompañada de vómitos.
Pide cita con tu médico si las molestias duran más de 24 o 48 horas, se repiten con frecuencia o interfieren con tu vida diaria. La fiebre, la diarrea persistente, el estreñimiento nuevo, la pérdida de peso, la falta de apetito y los cambios mantenidos en las heces también justifican una valoración.
En consulta pueden revisar la alimentación, el ritmo intestinal, los medicamentos y los antecedentes familiares. Según el caso, se estudian intolerancias, síndrome de intestino irritable, celiaquía u otros trastornos digestivos. No conviene retirar el gluten antes de una posible evaluación de celiaquía, porque podría alterar los resultados.
Una forma sencilla de prevenir que vuelva
Durante una semana, intenta comer con calma, reducir las bebidas gaseosas y observar qué ocurre con los lácteos, las legumbres, las cebollas, los edulcorantes y las comidas muy grasas. Mantén una hidratación normal, muévete a diario y evita aumentar la fibra de golpe.
Mi criterio práctico es sencillo: si el dolor es pasajero y mejora al moverte o expulsar gases, puedes observarlo con tranquilidad. Si se vuelve persistente, cambia de patrón o aparece junto a otros síntomas, deja de atribuirlo automáticamente a los gases y consulta a un profesional.
